El placer

Hablar sobre el placer en momentos de crisis sanitaria es urgente. Hacer una lectura más profunda de lo que significa una vida orientada hacia el placer y sus efectos, forzosamente nos empuja a ver las oscuridades del sistema patriarcal que nos aplasta sin preguntar. No seamos prudentes con este tema porque es imposible e inabarcable, como lo es la necesidad de hablar sobre el dolor y el tabú en la sexualidad como estigmas inscritos en los cuerpos.

También es una provocación para ver el placer en sus extensiones más superficiales en la vida cotidiana, en la importancia de intensificar las acciones más mundanas para convertirlas en actos divinos, en momentos infinitos, en secretos que nos humectan las pupilas y papilas.


El placer es un acto de resistencia divina porque también desea la mesura, la perfección de su propia selva exploratoria, también tienes sus templos y dioses a quienes adora con devoción, la abstinencia de los mismos, puede desatar terribles conductas en el sujeto hedonista. Cultivar la paciencia y la tortura, nos desata malevolos pensamientos o elevados lamentos, los actos de sacrificio son dificilmente logrados en el mundo de hoy.


El placer también está en la capacidad que todos los cuerpos tienen para danzar, de acceder al movimiento libre, al flujo de la respiración, a la danza de la vida. Dejarse llevar es una frase trillada que esconde el secreto de la vida orientada hacia el placer, significa: suspender el control, dejar de guiar de forma mental y dominante las acciones, confiar en las posibilidades y alternativas de hacer, soltar, etc.